Las hortalizas son ingredientes frecuentes en nuestra cocina. Aquí damos algunos consejos para que su limpieza sea cuidadosa y no afecte ni sus propiedades ni su color y sabor, pero garantice nuestra salud.
El lavado de las hortalizas debe ser minucioso para eliminar la presencia de tierra, insectos y residuos químicos. La presencia de insectos, contra lo que nos pueda parecer es excelente señal: no se utilizaron herbicidas ni químicos en su cultivo. Siempre será mejor quitar algún bichito que cualquier residuo tóxico.
Las hortalizas que están en contacto directo con la tierra como patatas (papas), espárragos, rábanos y zanahorias, se lavarán con un pequeño cepillo.
Hay que tener especial cuidado con las hortalizas de hoja como las lechugas y las espinacas, estas deben lavarse hoja por hoja, con agua fría y luego sumergirse en algún desinfectante de alimentos. Hay que enjuagar tras el uso del desinfectante.
Hay que evitar el contacto largo con el agua pues las hortalizas pierden con gran facilidad sus nutrientes dado que se disuelven en el agua. Un poco de limón en el agua de remojo evita la rápida oxidación de las vitaminas.
Las hortalizas, de ser posible, deben consumirse sin quitarles la piel, pues la mayor concentración de vitaminas y minerales se hayan en esas capas externas. Lo mejor es lavarlas con cuidado y secarlas.
