Los embutidos y las carnes sometidas a procesos de humificación y cura para evitar su descomposición necesitan de particulares cuidados para su conservación. El primer paso, indudablemente, es leer la etiqueta de origen en la que el comerciante da una serie de indicaciones respecto a las mejores condiciones para su conservación: algunas carnes precisan ambientes fríos y secos, otras necesitan de refrigeración, algunas pueden durar meses sin problemas.
Las carnes que pasan por más procesos en los que se emplean nitratos para su conservación duran más tiempo a temperatura ambiente sin necesidad de refrigerarse, sin embargo, justamente este tipo de carnes son las menos recomendables para el consumo, mismo que se debe hacer con precaución y esporádicamente.
Los nitratos son sales de alta concentración que pueden afectar las funciones renales, y también están relacionados con la alta incidencia de algunos tipos de cáncer.
Todos los embutidos, fabricados con carne fresca, precisan de ser refrigerados. También estos tienen altas cantidades de sal y conservadores que hacen que se recomiende su consumo de manera esporádica y todavía menos recomendable para niños y enfermos o personas con problemas renales o hepáticos.
La mejor manera de conservar las carnes secas es colgándolas en un espacio seco y libre de polvo dentro de la alacena. Colocarlas sobre una superficie facilita la aparición de hongos y mohos que las echan a perder.
