El wok, herencia de la cocina china, es uno de los instrumentos más útiles a la hora de saltear gran cantidad de verduras, conservar las carnes jugosas y conservar, a pesar de su paso por el fuego, los alimentos firmes y crocantes. La cocción de alimentos es, además, mucho más rápida.
El wok es una especie de sartén alto y de fondo curvo de aproximadamente 30 cm de diámetro los más pequeños, pero suele haber de tamaño mayor. Los woks se fabrican en acero, hierro y, menos comúnmente, de aluminio.
Para cocinar en wok, lo más recomendable es cortar verduras y carnes en trozos pequeños, tamaños bocado. Pero ahora lo que nos ocupa es la selección de un buen wok y su “curación” previa a ser utilizado.
Lo mejor es no elegir los que tienen cubierta de teflón, son más caros y no cocinan de la misma forma los alimentos. Optar por un wok que tenga firmeza al colocarse sobre una parilla o una superficie plana, palparlo para notar rebordes o golpes. El fondo es ligeramente más pesado que el resto, esto permitirá la concentración de calor en esa zona y evitará que los alimentos se quemen.
Para curarlo primero se limpia con un trapo de algodón, se unta con aceite comestible por dentro y se coloca sobre el fuego hasta que se torne oscuro, casi negro.
Es muy importante que esta primera exposición al fuego, que es lenta y a la máxima intensidad se haga en un lugar al aire libre, como una parilla de jardín para barbacoa o un brasero, pues dentro es posible que el humo que despide manche las paredes y el techo de la cocina. En caso de decir hacerlo dentro de casa, encender el extractor de humo a lo máximo.
Tras la cura, se unta con aceite. Sólo se lava antes de usarse y tras usarlo, se lavara y untará con aceite nuevamente antes de guardarlo para evitar la oxidación.
