Las etiquetas de los vinos nos aportan, como consumidores, información importante. Los datos suscritos en ellas son producto de un acuerdo entre países vitivinícolas. Aunque parecen a primera vista difíciles de comprender, una vez sabiendo a que se refieren es sencillo entenderlas.
Primero, está la DO o denominación de origen (Appellation d’Origine Controlée -AOC en Francia y la Qualitätswein en Alemania) en la que se nos señala que tipo de vino es, generalmente por la región de la que procede, así un Champagne señala al vino espumoso que proviene de esa región francesa, otro vino espumoso tendrá otro nombre.
Falsificar o usurpar la denominación de origen está penalizado por casi todos los países. Algunos productores han recurrido al truco que poner, Vino estilo o tipo (en letras pequeñas, claro) Bordeaux, lo que también está siendo legislado ya.
Las etiquetas también señalan el contenido de la botella en litros, centilitros y mililitros (50 cl/500 ml/0.5l. ) También el alcohol contenido en la bebida está expresado en grados o porcentajes. Y aunque no es de uso obligado, muchas etiquetas señalan el año de la cosecha. Algunos vinos como el de Jerez y los Champagnes son producto de la mezcla de uvas de diferentes cosechas.
Foto: Francis Storr
