Su nombre proviene de la palabra griega thymon, “ quemar”. Los antiguos romanos creían que confería fuerza y coraje, por ello, los soldados romanos tomaban baños de tomillo antes de una batalla.
Lo que es cierto es que el tomillo tiene un enorme poder antiséptico, capaz, de matar bacterias en cuarenta segundos. Los egipcios lo usaban para embalsamar y los antiguos griegos le daban el mismo uso que el incienso.
El tomillo crece en forma de arbusto, pertenece a la familia de las labiadas, propias de la región mediterránea. Es una planta leñosa con hojas color verde ceniza, las flores van del blanco al rosa pálido y da un pequeño fruto de color café.
El tomillo proporciona un toque de refinada elegancia a los platillos con su presencia fuerte y medianamente picante; es considerado un condimento infaltable en buena parte de las cocinas mundiales, sobre todo en la francesa y la creole cajún.
Es empleado en salsas, marinadas, sopas, asados de pato, pollo, res, para sazonar mársicos y preparar rellenos, así como para dar fragancia a algunos panes.
Combina perfectamente con casi todos los vegetales como la zanahoria y los champiñones. Se utilizan sus hojas y tallos, frescos o desecados. También es muy utilizado para conservar alimentos. Es parte esencial del famoso bouquet (yerbas de olor) junto con la mejorana y el laurel.
